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“PROACTIVIDAD”, UNA PALABRA NUEVA DE UN VIEJO CONCEPTO

Carta Gerencial

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Desarrollo Organizacional, Desarrollo Profesional y Recursos Humanos

“PROACTIVIDAD”, UNA PALABRA NUEVA DE UN VIEJO CONCEPTO
Dr. Barto Roig Amat (†). - Profesor del IESE.

Todos sabemos que hay cosas que “nos pasan” de las que no sentimos una fuerte responsabilidad, porque las causas vienen de las circunstancias en las que nos encontramos; y que hay otras cosas de las que somos nosotros los causantes, nos consideramos autores, y por lo tanto, responsables, porque se deben a decisiones que hemos tomado ante diversas opciones.

Es verdad que “la circunstancia”. En la que nos encontramos se debe en parte a las decisiones anteriores, con un determinado propósito, que tal vez ha sido afectado por causas imprevistas (nos sentimos algo responsables) o imprevisibles(no nos sentimos responsables).

Por eso parece apropiado usar una palabra nueva: Proactividad, para indicar la actitud firme de provocar nuestra circunstancia y decidir nuestro futuro, en ves de dejar que sea resuelto por otros o por otras fuerzas.

Una definición de proactividad podría ser la siguiente:

“El poder y la capacidad de elegir nuestras reacciones y respuestas a las cosas que nos suceden; E incluso conseguir que nos suceda lo que queremos. Es como un anticiparse al suceso de nuestra voluntad libre, para hacerlo como nosotros queremos”.

En lugar de dejar que nos controles nuestra circunstancia, conseguir controlarla. Lo contrario es dejar que las cosas ocurran sin nuestras decisiones. Es como vivir en un happening sin sentir ninguna responsabilidad por nada.

LA PROACTIVIDAD ES UN HÁBITO

Se adquiere con el ejercicio de actos humanos, es decir, actos en que se ejercita la libertad y se asumen las consecuencias.

No se tienen de una forma innata, aunque todo ser humano posee el germen para su desarrollo. Lograremos el hábito con mayor o menor eficacia. En la medida que lo ejercitemos. Por eso hay personas proactivas y personas reactivas. El germen innato de toda persona es suficiente para llegar a ser persona preactiva, basta que elija este objetivo.

Una buena parte de las incompetencias de muchas personas se debe a no haber desarrollado el hábito de la proactividad y haberse abandonado a la pasividad.

Son las que constantemente se expresan así: “dadas las circunstancias tuve que hacer esto o aquello” ¡No tenía más remedio!.

Son las que todo lo atribuyen a la buena o mala suerte, a la meteorología, al horóscopo, a los buenos o malos agüeros, y jamás se sentirán culpables de lo que le ocurra. Son las que se excusan, incluso consigo mismo, diciendo: “son cosas de mi carácter….”, la respuesta es clara e inmediata: “son cosas de tu falta de carácter …” (Beato Josemaría Escrivá, Camino 4).

Se me ocurre: Gandhi, Tomas Moro, Juana de Arco, Colón, Bolívar, De Grulle, Teresa de Calcuta y tantos otros a lo largo de la historia, que solo por ser consecuentes, no tuvieron más remedio que ser santos o héroes.

DETERMINISMO

Hay muchas razones (de la sin razón) para creer en el determinismo, es decir, en creer que no somos libres, pero hay muchas cosas que nos han sido dadas sin nuestro consentimiento: tenemos dado un ADN, un lugar donde nacimos y nos educaron, con unos padres y unos maestros no elegidos, en una época de la historia concreta, y cuando hemos llegado a la madurez, nos encontramos con una circunstancia casi completamente determinada.

Es cierto que no lo controlamos todo. Cualquier persona sensata tiene que ser capaz de distinguir entre estas tres cosas: lo que controla plenamente, lo que controla indirectamente y lo que no puede controlar porque está fuera de su círculo de influencia.

Ante lo que no se controla, caben dos actitudes: imaginar formas para controlarlo y esforzarse en ello. Pero cuando ya se ve poco posible, el controlarlas, aceptar y vivir con ese hecho más o menos condicionadamente e inamovible, ejercitando la capacidad de indiferencia y la libertad allí donde podemos y nos concierne sin darle la mayor importancia.

Si uno se empeña y es proactivo ensanchará su círculo de influencias hasta abarcar una buena parte del círculo de asuntos que le conciernen.

ESPEJO SOCIAL

Alguien dijo que a los 40 años todo el mundo es responsable de la cara que tiene, porque la cara es el espejo del alma. Recuerdo siempre un cuadro de Ghirlandario titulado “Viejo con un niño“. Es el rostro de un viejo feo, con una gruesa nariz llena de verrugas mirando al niño. Su expresión es tan luminosa y llena de amor, que convierte la cara en atractivo.

El espejo social es una gran determinante que puede disminuir y hasta anular la proactividad. Si dentro no tenemos nada que reflejar acabaremos con una cara que será mimética de los que nos rodean.

Las influencias del entorno pueden anularnos la libertad y nos veremos forzados a hacer “lo que se lleva”, sin aportación propia.

Muchos se encuentran alineados por el espejo social. Y no son capaces de usar su libertad al decidir sobre los signos externos como: automóvil, casa, yate, club, forma de vestir, golf. Que medios y ambientes frecuentar, etc. La envidia afinca en su espíritu y pierden y pierden completamente la capacidad de ser proactivos o se apodera de ellos el “síndrome del impostor”, aparentar lo que en el fondo no se quiere ser y se acabará siendo.

Ser proactivo no significa ser agresivo y enfrentarse con actitud a las resistencias y determinantes del entorno social, sino más bien ampliar nuestro circulo de influencias buscando breves caminos con imaginación creativa y firme determinación.

EL LENGUAJE

El lenguaje de la proactividad contrasta con el leguaje corriente. Las personas preactivas hablan con términos distintos a los que usan las personas pasivas o reactivas. Se nota enseguida. Pero se trata de un artículo lingüístico, el lenguaje proactivo sale de adentro.

Es una manifestación verbal que sale de adentro. Es una manifestación verbal del modo del ser interior.

El lenguaje proactivo no usa expresiones como las siguientes:

No puedo…..

Me molesta mucho…..

Es imposible….

Es la única vía…..

Esto es el fin…..

Es que…..

Debería haber sido…..

Si no fuera que…..

Estoy demasiado lejos…..

Es demasiado tarde…..

No cabe…..

Es irremediable…..

Yo soy así…..

Estoy obligado hacer esto…..

No lo puedo soportar…..

No nos podemos entender…..

Para adquirir el hábito de la proactividad es bueno reflexionar cada vez que nos expresamos de forma reactiva para descubrir el término adecuado y cambiar la actitud.

VALORES Y PRINCIPIOS

La proactividad se ejerce siempre dentro del cause de valores y principios basados en la realidad del hombre. No puede ser de otra forma. Hacerlo contra los principios del ser sería exponerse a un desquiciamiento del ser, una prevaricación propia, contra uno mismo. De ahí la importancia de la proactividad en el ejercicio de la conciencia moral.

Sólo si se tienen bien sentados los principios es posible desarrollar la energía para la proactividad. En realidad, la proactividad es la dimensión operativa de la pasión por realizar lo que se tiene adentro, y se ve como la razón de vivir.

Cuando hay un fuego interior por hacer algo importante, la proactividad arrastra y elimina los accidentes que se le resisten: el humor, el que dirán. Los enfrentamientos del establishment que se resisten a los cambios por comodidad y egoísmo. La proactividad arrastra cuando hay una fuerte razón de vivir… y de morir, como ocurre a santos y héroes. Algunos nombrados en la historia y tantos miles que pasan desapercibidos.

Pero sabemos que no todo es previsible. Por eso tenemos mas cosas que decir sobre este tema.

INCERTIDUMBRE Y RIESGO DE LO IMPREVISTO: LA ESPERANZA

Sabemos bien que hay fuerzas que se mueven más allá de nuestro campo propio de observación. Son fuerzas que mueven los demás, más o menos alejados de nosotros, que toman sus decisiones y que tal vez algún día nos llegue las olas de sus consecuencias.

Hay muchas cosas imprevisibles en un momento dado: tal vez con el tiempo se empiezan a insinuar, pero nuestra capacidad de observación no es suficiente aguda para percibirlas por eso suceden también los imprevistos.

Es conveniente distinguir lo uno de lo otro. Vivir es estar en un vigilia permanente. El proactivo es un autentico vigía, lo contrario del reactivo, que nada le importa lo que pasa, porque el mismo es el que “pasa”.

Solo tiene sentido un sistema en el que se facilita el ejercicio de la proactividad, que asume los retos, y precisamente esto es lo que le da la energía vital para subsistir y desarrollarse insensatamente.

No obstante, siempre será un sistema en que cabe la incertidumbre. Un sistema que, que en cierto modo ya lo estamos viendo, siempre mantiene a los humanos con el “alma en vilo”, porque además de las incertidumbres creadas por las fuerzas preactivas y las torpezas del hombre, están las que las compañías de seguros denominan Acts of God, las fuerzas de la naturaleza, que se mueven en un caos limitado por sus leyes: tempestades, rayos, terremotos, aludes, inundaciones, incendios, etc. Actos de Dios, porque no se deben a la mano del hombre. Sólo Dios lo permite en sus designios inescrutables.

COMPROMETERSE

El ejercicio de la proactividad significa asumir un compromiso, es decir Comprometerse. Esto significa enajenar la libertad por una razón suficiente como esta…. Cumplir la “misión” de la propia vida, por la que vale la pena vivir: “porque me da la gana”.

Comprometerse es obligarse a dar una respuesta, es asumir el reto no sería una vida biográfica. Por tanto, la proactividad es lo que transforma una vida humana biológica en una vida biográfica.

Algunos pueden pensar que su misión no vale la pena. Seguramente no lo han pensado bien. Tal vez necesitan profundizar más para descubrir y crear su misión hasta convencerse de que vale la pena vivirla, y desplegar así toda su proactividad potencial.

CONTRA CORRIENTE

La imaginación creativa descubre muchas veces caminos de proactividad que se enfrentan con lo establecido, que no pocas veces se encuentra en avanzado estado de corrupción o de aburguesamiento. Entonces se plantea la proactividad de rebeldía. Si el objetivo significa un legado valioso que enriquece la sociedad, es una rebeldía con causa.

En todos los casos con rebeldía con causa se puede ver la distancia considerable que se da entre seguir la corriente y enfrentarse a ella. A muchos les costó la vida: Juana de Arco, Tomás Moro, John Fisher, San Pablo y San Pedro, San Esteban, etc. Son casos extraordinarios, admirables en que la visión de la misión era poderosa. Al cuidado corriente, normalmente no se pide tanto.

La proactividad va entonces contra corriente, pero la pasión por la visión le da la energía para el enfrentamiento.

PROACTIVIDAD Y FORTALEZA

Hay casos en que la proactividad exige niveles de fortaleza que podrían clasificarse de heroicos.

Los clásicos definían así la fortaleza; ardua agredi sustinere… es decir, emprender lo que es arduo y mantenerlo. Esto último es lo más importante. Hay muchas embestidas emprendedoras que adolecen de paciencia y perseverancia, y se marchitan al poco tiempo porque no aguantan el esfuerzo continuado.

Por eso la proactividad exige fortaleza a toda prueba. La fortaleza es una virtud, es decir un hábito operativo que mejora el modo de ser en todas las manifestaciones del ser. Por eso se considera una virtud cardinal, de cardo o quicio, donde se apoyan o arrancan las superestructuras de virtudes, como los arquitrabes de una esplendida catedral.

Por eso podemos decir que la proactividad es prolífera, generatriz de otras múltiples capacidades humanas. La proactividad puede hacer a la persona invulnerable. Si Víctor Frankl ha dicho que el ser humano es siempre libre y capaz de adoptar su actitud ante cualquier situación, por dura que sea, y el lo experimentó así en los campos de concentración, en los que las agresiones y vejaciones a la dignidad de la persona llegaron a los límites inauditos en la historia, también será posible en cualquier otra situación.

ENTRÉNATE PARA SER PROACTIVO

Un comportamiento proactivo continuado llega a crear el hábito. La musculatura de la vida interior se llega a poner en forma después de una gimnasia reiterativa de proactividad.

Un ejercicio de proactividad, inspirándonos en Covey, puede incluir los siguientes puntos:

Vivir constantemente el hoy-ahora que significa hacer en cada momento lo que está claro debemos hacer, sin excusas y con valentía.

Cuidar los detalles importantes, que pueden convertir los asuntos que realizamos en éxito o fracaso.

No abrumarse por lo que no tiene importancia.

No dramatizar las contrariedades que siempre acompañan a la acción preactiva.

Tener claros los principios que sustentan la acción en los que no se puede ceder. Saber diferenciar entre la transigencia con las personas, “cuenta bancaria emocional”, y la transigencia con la verdad.

No ser juez crítico, derrotista, descalificador, sino al contrario, apoyo para servir los demás y ayudar a corregir. Asumir la responsabilidad de iniciativa, aunque otros colaboradores deban intervenir en las acciones diversas. Eliminar por completo las excusas: “Si pensamos que el problema esta fuera de nosotros, este es el problema “ (S. Covey).

Decir No cuando es No y Si cuando es Si, sin justificaciones. Recordar que el sentimiento del amor es el resultado de practicar el verbo amar. Estos puntos pueden servir de autoexamen para conocer el estado de nuestra productividad.

Estos puntos pueden servir de autoexamen para conocer el estado de nuestra proactividad

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